Solo la imagen predecía el perturbante aspecto de sus ojos.
Los cuales volvieron hacia atrás, y se vieron a si mismos.
Un par de hojas, árboles frustrados, crujieron de lleno,
Al su cuerpo recibir ajeno, aquel viejo, sobrepasó sus leyes.
Sus labios fruncían el mal, dolor inocente,
Que a su cuerpo describía en el descaro de los dientes,
Aquel viejo, que pocos tenia, alimento sus malas ansias,
En manos de aquella, la pequeña niña.
Sonaron los vientos del mundo, tronaron las campanas de los cielos,
La mano que alumbraba lo tinieblo, reparó el final.
¿Y el principio donde queda?, solo la niña lo sabe,
La que ha sido despojada de ropas, y penetrada, contra su voluntad...
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